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Revolución

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Asistimos estas semanas a un movimiento ciudadano que me está asombrando. Miles de personas se congregan en plazas para pedir una democracia real, una democracia sin corrupción, una democracia que defienda y luche por los derechos de los ciudadanos, escuche al pueblo, y actúe en consecuencia. Lo que al principio fueron muchas personas congregadas en la puerta del Sol, son ahora miles y miles por toda España. Todas pidiendo una democracia real, de manera pacífica y voluntaria, expresando su sed de cambio.

La verdad es que la primera vez que escuché hablar de este fenómeno fue en Twitter, puesto que en el telediario no dijeron nada. Poco a poco, y mientras la gente twitteaba fotos del gentío en Sol, mis ojos quedaban asombrados. Pero todavía quedaron más asombrados al ver en YouTube al día siguiente los videos de la violenta policía desalojando la plaza. A medida que pasaban los días, y surgían más acampadas, con cada vez más gente, y cada vez más indignación, las ganas de unirme me volvían loco. Que pena que esté de exámenes, que sino allí me tenían, pancarta en mano, protestando. Los sucesos que ocurieron ayer en plaza Catalunya ya fueron algo indescriptible, y he decidido pronunciarme.

En este país vivimos una realidad realmente triste. Y no hablo del paro, ni de la crisis, que ya de por sí son problemones gordos. ¿Vosotros no tenéis esa sensación de que esas personas que cada día hablan en el Congreso no os representan? Yo sí. No veo a mis representantes, veo a personas que luchan entre ellos, y no por los derechos de los ciudadanos, sino por unos simples votos. Votos que, irónicamente, les damos nosotros. La política de este país está desgastada, y necesita un nuevo planteamiento. Necesita participación ciudadana, transparencia, organización, claridad.

Decidido: tan pronto terminen mis exámenes, y el peso de los estudios deje de agobiarme, me plantaré en la plaza de la Virgen Blanca, lugar donde se celebra la #acampadavitoria, y lucharé por mis derechos. El cambio siempre ha estado en nuestras manos. Ahora es hora de agarrarlo y tirar de el para alcanzarlo.

Make you feel my love (Adele)

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¡Hola! ¿Qué tal van esas vacaciones de Semana Santa? Seguro que bien. Este post no es para pegaros la chapa (seguro que más de uno ha suspirado aliviado), es para enseñaros una canción que últimamente no puedo parar de escuchar. Es de una famosa cantante británica llamada Adele, y su título es Make you feel my love (Hacer que sientas mi amor). Os dejo el vídeo con la canción y la letra traducida en castellano para los que no habláis inglish pitinglish.

Inspiración, ramera despiadada

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Vosotros, queridos lectores, sabéis mejor que nadie que no estoy escribiendo mucho. Creo que este año habré escrito como mucho unas 5 entradas, y eso que ya vamos cuatro meses. ¿Cuál es el problema? La inspiración, hijos, la inspiración. No me llega.

Cuando empecé con el blog (el pasado día 12 cumplía un año :D ) tenía millones de ideas. Escribía casi todos los días, y hacía posts gigánticos que tardabas horas en leer. Sin embargo, al empezar 2011, todo eso ha desaparecido. Esa “inspiración” famosa ya no llama a mi puerta y susurra a mis oídos ideas geniales. El blog ha ido cogiendo polvo.

Pero pensadlo. Es muy difícil ser constante en una bitácora digital. Ya os lo conté al principio, yo ya había tenido muchos blogs antes de este, que tenían un par de entradas muy ilusionadas. Morían al tercer día.  Luego tuve un blog que mantuve durante ocho meses (oiga usté), pero que murió también. Y luego llegó Un poco de sal, lo que ahora mismito estás leyendo.

Mantener un blog es una tarea muy dura. Para empezar, hay que tener una idea. ¿Qué voy a escribir? ¿Va a ser un diario, un lugar donde voy a reflexionar, o un site donde consultar todas las novedades sobre mi ciudad? Y luego, hay que escribir. Mucha gente opina que lo que más importa es la apariencia, que no digo que no tenga importancia. Pero lo vital, lo vital es escribir. Lo vital es llenar cada cierto tiempo esa caja de texto, pulsar publicar, y que todo el mundo lea lo que has escrito. Sin eso todo muere.

La inspiración es, en fin, una asquerosa, y a la vez la mayor de las diosas. Llega cuando le da la gana, en el momento más inesperado, y llena tu cabeza de ideas. Y cuando más la necesitas, se esfuma, y no hay quien la encuentre. ¡Espero que todos la encontréis y la tengáis cerca siempre!

Gafas, lentillas, y demás desgracias

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Todo el mundo que me conoce (salvo unos pocos afortunados) me conoce con gafas. Tras varias visitas al oculista, cuando era un pequeño niño de 10 años, me pusieron gafas. Fuimos a la óptica y, tras muchos quebraderos de cabeza, elejí unas sencillas gafas marrones. Eran de marca “Guess”, aunque yo siempre pensé que eran de Gucci. Tan contento volví a casa con mis gafas nuevas.

Esas lentes duraron dos años, hasta que un grupo de imbéciles “compañeros” me las destrozasen a bolazos de nieve. ¡Era hora de cambiar! Me compré unas gafas rojas, muy pastosas, muy bonitas. Con personalidad. Los primeros días que las llevé la gente me dijo lo poco que le gustaban, pero no me importaba. Porque eran mis gafas rojas, el sueño de mi vida (por aquel entonces).

Harto del rojo, en 2º de ESO me compré unas gafas negras Armani (oh, que clase) que son las que uso ahora mismo. Bonitas, sencillas y discretas. Nada llamativo. Sin embargo, hace un mes me entró un arrebato extraño, y decidí ponerme lentillas. El bueno de mi oculista me dijo que “adelante, no hay problemas”. Menudo lío me estaba montando sin saberlo.

Mi madre y yo nos acercamos un martes por la tarde a la óptica. Me enseñaron las lentillas (que previamente habíamos encargado), y me dijeron como debía ponermelas. No hubo manera. Tras una hora delante del espejo, era incapaz de meterme el plastiquito en el ojamen. Así que adiós muy buenas, otro día. El sábado siguiente volví, y conseguí ponermelas, aunque luego necesité la ayuda de dos amables ópticas para quitarmelas. Una me agarraba los brazos y la otra me las quitaba.

Vale. Una experiencia desagradable. Pero… ¿Sabéis lo que he aprendido? Que las gafas molan. Molan un pegote. Son algo cool, te da personalidad, eres más chic, tienes una mirada más penetrante… Vamos, una pasada. Para terminar, para los “no miopes, hipermétropes y leches” que estéis de camino a una óptica maravillados por todo lo que ofrecen las gafas, os recuerdo un tweet de @Euver que describe bien lo que os merecéis:

https://twitter.com/#!/Euver/status/6442959000051712

Eso es todo. Gafosos, no gafosos, hasta más ver (¿lo habéis pillado? :D )

A lo lejos veo las vacaciones de verano

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Mirando el calendario me doy cuenta de lo poco que queda para verano. En este momento soltarás una pequeña risita, mientras piensas “Este tío está chalado, apenas hemos entrado en la primavera y ya está hablando del veranito”. Vale, lo reconozco, es una afirmación muy extraña, pero tengo razón. El verano está a la vuelta de la esquina. No queda nada para que llegue la época del año favorita de muchos, esa época maravillosa en la que no te importa si es lunes, que si es jueves…

Marzo está casi acabado. Estamos a 20, así que antes de que lo podáis notar ya estaremos en abril (aguas mil). El día 6 de ese mes viene mi amigo Thomas de Alemania, así que hasta el día 15 voy a estar muy entretenido enseñandole Baskenland (y vosotros estaréis muy entretenidos viendo como le enseño Baskenland). Y nada más mi amigo germano parta en un avión de vuelta a Stuttgart… ¡Vacaciones de Semana Santa! Descanso, visitas culturales… Vamos, una fiesta.

Una vez haya pasado abril, entraremos en mayo, mes de comuniones y exámenes. Entre tanto libro, tanta prueba y tanta gaita no vamos a tener tiempo ni siquiera de arrancar las páginas del calendario. Estudiar, aprobar, estudiar aprobar. Y sin pensarlo, nos presentamos en junio. Último día de clase, adiós muy buenas, hasta el año que viene. Y VACACIONES. Olé.

Así que ya sabéis, queridos saleros y saleras. Id preparando las cremas solares y las sombrillas, ¡que el verano llega en un santiamén!

Mañana podrían no estar ahí

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23 de febrero de 1981. 18:22. Congreso de los Diputados. Según el plan trazado, un grupo de guardias civiles, subfusil en mano, irrumpe en el hemiciclo encabezados por el teniente coronel Antonio Tejero. Éste, desde la tribuna, gritó ”¡Quieto todo el mundo!” (Sic) y dio orden de que todos se tirasen al suelo.


El pasado miércoles se cumplían 30 años de este acontecimiento histórico, que puso en peligro la recién instaurada democracia en España. Este aniversario me hizo pensar sobre algo,… ¿Qué hubiese pasado si el golpe hubiese prosperado? ¿Qué hubiese pasado si el Rey hubiese apoyado el golpe? Creo que nunca lo sabremos, pero estoy seguro que no hubiese sido bueno. ¿Una dictadura? Después de todo lo que se había hecho… ¿Otra vez eliminados los derechos fundamentales de los humanos como lo es la libertad de expresión y otros muchos?

Sin embargo, eso no ocurrió. Todo salió bien, y fue un “susto” que quedará en la memoria de todos. Pero esto tiene una moraleja muy clara: solo apreciamos lo que tenemos cuando lo perdemos, y cuando estamos en peligro de perderlo. Yo no me levanto por las mañanas pensando “que afortunado soy, vivo en una democracia”, o “que feliz soy, porque tengo buena salud”. Sin embargo, si un día caigo enfermo, echo de menos cuando estaba sano. Es algo normal, y nos pasa a todos.

Solo me gustaría que, ahora, en este mismo instante, pienses en las cosas que tienes cada día, que das por sentadas. Mañana podrían no estar ahí.

PD: Si te interesa el tema, puedes ver una interesantísima mini-serie que emitió TVE, llamada “23-F; el día más difícil del Rey”, o si no puedes ir a ver la película 23-F que está ahora mismo en los cines.

Música y respeto

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Últimamente se ha armado mucho revuelo en Internet por un vídeo que colgó una “superultramegafan” de Justin Bieber, este chaval que parece que vuelve loc@s a muchos chicos y chicas de este planeta. A raíz de esto he visto muchas opiniones que, o bien defendían al cantante, o bien lo ponian fino.

Lo primero que diré es que no me gusta la música de Justin Bieber. La he escuchado, y me parece que es “otro más” entre el grupito de miniestrellitas como los Jonas Brothers, Miley Cyrus… No aporta nada nuevo y rompedor que llame mi atención. Por eso, cuando ví el vídeo de esta muchachita (podéis verlo aquí), reflexioné largo y tendido sobre los gustos musicales de las personas.

Está claro que a esta chica le encanta Bieber, y me parece genial, si le gusta y le llena, por mi perfecto. El problema es que a su vídeo le falta algo indispensable: respeto. Dice: “el heavy metal no es música, es ruido”. Ahí es cuando perdió toda mi atención. Porque una cosa indispensable para dialogar y expresar nuestra opinión es respetar a los demás.

También están las personas que lo critican, entre otras cosas porque “tiene voz de niña y es un maricón de mierda”(extracto de un comentario de YouTube). Este comentario es igual de irrespetuoso, así que fuera. Aquí tengo que decir que yo también critiqué a estos músicos, por lo que puedo parecer un poco hipócrita.

En mi opinión ambas posturas son incorrectas(incluida la mía), tanto la de la fan fanática que no respeta otros tipos de música tan válidos como el que ella admira, o el de persona que no le gusta la música de Bieber. Las dos pecan de lo mismo: la falta de consideración por parte de los gustos musicales de los demás.

Una cosa que me gusta de la música es que puedes elegir que escuchar, y si algún artista no te gusta es muy sencillo: pulsas el botón de “siguiente canción, y punto final. Algo que he aprendido es que si a alguien le gusta Melendi en vez de Queen(por ejemplo :P ), hay que respetarlo y aceptarlo, porque no todos tenemos que pensar igual,… ¿no? Así que ya sabéis… Respeto.

PD: Me gustaría recomendaros una canción de un grupo vasco llamado Ken Zazpi, que se llama Ilargia. Está en euskera, pero el vídeo tiene los subtítulos en castellano. Una de mis canciones favoritas :)

 

¿Qué pasa aquí?

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Tengo este blog más abandonado que la Casa de los Gritos de Harry Potter, lo sé. Varias razones me excusan de esta dejadez. La primera de todas es, como no, los estudios. Empiezan los exámenes que determinarán mis resultados en la segunda evaluación, y tengo que dedicar mucho tiempo a estudiar, a terminar trabajos y a completar cuadernos. Tengo que mantener las buenas calificaciones de la pasada evaluación, y aunque he tenido algún que otro desliz en un examen, voy bastante bien.

Otra razón es la falta de inspiración. Al contrario que en otras épocas, últimamente no se me ocurre nada que pueda convertirse en un post decente; se me ocurren cosas, pero no quiero hacer un post de 50 palabras que sea más soso que un sandwich de pepino. Hubo  una temporada que me pasaba algo parecido, y empecé a escribir posts que eran de relleno, de plástico, que no pintaban nada. Y francamente, prefiero la calidad a la cantidad.

Y la última de mis excusas para que este blog apenas reciba actualizaciones es, básicamente, que no tengo ganas. Si, queridos lectores, ponerme a escribir es lo que menos me apetece, y me entristece, porque antes me encantaba. Ahora con Twitter y el hace poco iniciado Tumblr, blogs que se actualizan en segundos me han trastocado.

Pero todo esto no quiere decir que este blog haya muerto, ni mucho menos. Actualizaré menos, pero me comprometo a escribir un post cada 10 días como mínimo. Este blog es algo al que le tengo un cariño enorme, y que (espero) nunca va a morir.

Miedo a la oscuridad

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Recuerdo que cuando era pequeño tenía mucho miedo a la oscuridad. Era un miedo enorme, que algunas veces no me dejaba salir en medio de la noche de la cama porque me había dejado la linterna encima de la mesa en vez de debajo de la almohada. Veía un pasillo oscuro, y no podía entrar. No era que no quisiese, sino que mi cuerpo se paralizaba, y ni me dejaba intentarlo. Pero cuando tenía 12 años, harto de esa situación que lo único que iba a hacer era limitarme en infinidad de cosas, decidí tomar cartas en el asunto.

Descargé un mp3 del Ares, que se titulaba “Gritos de películas de terror”. Lo pasé a un CD, y lo empecé a reproducir en el estéreo de mi cuarto. Me encerré en la habitación, y pedí a mi hermana que aunque gritase no me dejase salir. Apagé la luz. Los diez primeros minutos fueron insufribles. Pasé un miedo terrible. Los sonidos que reproducía el CD eran aterradores, y lo único que quería era terminar. Los siguientes veinte minutos fueron los más alegres de mi vida. Porque aprendí que estaba seguro. Que no pasaba nada. Miraba a la oscuridad. Y ya no me daba miedo.

Desde entonces la oscuridad no me da miedo, y si ese temor vuelve a mi, solo me concentro, respiro hondo, y sonrío. Unos minutos de terror fueron bastantes para curar algo. Espero que para todos los que estén afectados por este miedo, que es natural y normal, pero quieran dejar de tenerlo, prueben este método. Os aseguro que funciona.

La actitud Tuenti

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Cuando me registré, Tuenti me encantaba. Era como estar con mis amigos siempre, ver sus fotos y leer sus conversaciones en los tablones sin que nadie me dijese nada. Pero con el paso de los meses, esta red social (que seguramente sea igual en todas las demás) me empezó a parecer un reflejo distorsionado de la realidad.

En Tuenti todo el mundo es majo, extrovertido, gracioso, y parece una gran persona. Cuando hablas con la gente que ves todos los días a través del chat, son completamente diferentes de la realidad. Al menos eso me pasa a mi, cuando por Tuenti me dicen “eres el mejor”, y en la vida real ni me saludan por la calle. Cada vez me gusta menos, y lo único que me hace sentir es que en realidad no tengo a nadie.

PD: Siento estos post reflexivos, pero me quedo de un agustico… :)

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