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Gafas, lentillas, y demás desgracias

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Todo el mundo que me conoce (salvo unos pocos afortunados) me conoce con gafas. Tras varias visitas al oculista, cuando era un pequeño niño de 10 años, me pusieron gafas. Fuimos a la óptica y, tras muchos quebraderos de cabeza, elejí unas sencillas gafas marrones. Eran de marca “Guess”, aunque yo siempre pensé que eran de Gucci. Tan contento volví a casa con mis gafas nuevas.

Esas lentes duraron dos años, hasta que un grupo de imbéciles “compañeros” me las destrozasen a bolazos de nieve. ¡Era hora de cambiar! Me compré unas gafas rojas, muy pastosas, muy bonitas. Con personalidad. Los primeros días que las llevé la gente me dijo lo poco que le gustaban, pero no me importaba. Porque eran mis gafas rojas, el sueño de mi vida (por aquel entonces).

Harto del rojo, en 2º de ESO me compré unas gafas negras Armani (oh, que clase) que son las que uso ahora mismo. Bonitas, sencillas y discretas. Nada llamativo. Sin embargo, hace un mes me entró un arrebato extraño, y decidí ponerme lentillas. El bueno de mi oculista me dijo que “adelante, no hay problemas”. Menudo lío me estaba montando sin saberlo.

Mi madre y yo nos acercamos un martes por la tarde a la óptica. Me enseñaron las lentillas (que previamente habíamos encargado), y me dijeron como debía ponermelas. No hubo manera. Tras una hora delante del espejo, era incapaz de meterme el plastiquito en el ojamen. Así que adiós muy buenas, otro día. El sábado siguiente volví, y conseguí ponermelas, aunque luego necesité la ayuda de dos amables ópticas para quitarmelas. Una me agarraba los brazos y la otra me las quitaba.

Vale. Una experiencia desagradable. Pero… ¿Sabéis lo que he aprendido? Que las gafas molan. Molan un pegote. Son algo cool, te da personalidad, eres más chic, tienes una mirada más penetrante… Vamos, una pasada. Para terminar, para los “no miopes, hipermétropes y leches” que estéis de camino a una óptica maravillados por todo lo que ofrecen las gafas, os recuerdo un tweet de @Euver que describe bien lo que os merecéis:

https://twitter.com/#!/Euver/status/6442959000051712

Eso es todo. Gafosos, no gafosos, hasta más ver (¿lo habéis pillado? :D )

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Una respuesta »

  1. Ue!
    Creo que todos los que llevamos gafas hemos pasado por esas etapas que describes (salvo el incidente con los “compañeros” en mi caso)

    Cambiar de gafas… aquello si que era la ruleta rusa. Tu reputación podía venirse arriba y ser el que más mola, o que todo el mundo se riese de ti.

    Los que las llevan sin cristales o sin graduar, tan solo por lo cool y guay que queda ser un gafapasta, sólo le deseo que lea el tuit que has enlazado.

    Responder

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